lunes, 31 de mayo de 2010

Domingo de la Santísima Trinidad

Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello.
Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir.
El me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. (Jn. 16, 12-15)

ALABADO SEA JESUCRISTO POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS...
El misterio divino de la Trinidad trasciende la inteligencia y el entendimiento humano, pues es un misterio que sólo pertenece a Dios y encierra en sí mismo el significado de la existencia de un ser eterno y todopoderoso, que en la infinidad de su Amor realiza su "obra" antes de que el mundo exista; por medio del Padre, Creador, su Hijo Jesucristo que con su muerte y resurrección, libera a la humanidad del pecado y la muerte, y el Espíritu Santo, que viene a santificar nuestras vidas y a dar impulso a la Iglesia, que nace para ser discipular y misionera, anunciando la Buena Nueva, en todo tiempo y lugar hasta los confines de la tierra, cumpliendo así el mandato de Jesús que, presentándose en medio de los apóstoles los saluda diciendo: "La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío." (Jn. 20, 21)
Este Dios, Uno y Trino, es una manifestación clara y evidente de la unidad con la que debemos vivir nosotros, sus hijos. El amor filial entre el Padre y el Hijo, da origen al Espíritu Santo que viene para hacer de nosotros su morada y nos unge con su amor, para que en la vida aspiremos a la santidad con la que debemos vivir todos los cristianos. La Santísima Trinidad es también el origen mismo del mundo, todo fue creado en comunión divina y la presencia del Espíritu de Dios se manifiesta a lo largo de toda la historia de las Sagradas Escrituras. En el Antiguo Testamento, se menciona en diversas ocasiones como: "el espíritu de Yahvé", el cual fue el agente movilizador de muchos profetas y personajes bíblicos, que vivieron muchos años antes del nacimiento de Cristo. El libro del Génesis narra que: "La tierra era caos y confusión: oscuridad cubría el abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas." (Gn. 1, 2), otra alusión clara al Espíritu Santo.
Por ello es que el verdadero sentido de nuestra fe reside en el misterio central de la Trinidad, fuente y culmen de nuestra existencia como Iglesia de Cristo, fundada por Él, constituida en sus orígenes por los apóstoles y guiada por el Espíritu Santo. Que así sea...

¡Paz y Bien!


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