lunes, 21 de junio de 2010

11° Domingo durante el año

Un fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública. Al enterarse que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume y, poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume.
Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: « Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora. » Jesús le respondió: « Simón, tengo algo que decirte. » El dijo: « Di, maestro. » Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más? » Respondió Simón: « Supongo que aquel a quien perdonó más. » Él le dijo: « Has juzgado bien. » Y, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: « ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume.
Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra. » Y le dijo a ella: « Tus pecados quedan perdonados. » Los comensales empezaron a decirse para sí: « ¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados? » Pero él dijo a la mujer: « Tu fe te ha salvado. Vete en paz.
Recorrió a continuación ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes. (Lc. 7, 36 - 8, 3)

ALABADO SEA JESUCRISTO POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS...
Jesús comparte la mesa con un fariseo de nombre, Simón, hombre culto y con un notable estatus social entre los israelitas de aquel momento de la historia. El hecho de compartir la comida es para los judíos, aún en nuestros tiempos, una costumbre que reviste un significado muy importante, era un momento no sólo de reencuentro, sino también de un sentido religioso que era estrictamente respetado, sobre todo por los judíos más conservadores. Ante la sorpresa de los comensales, se presenta una mujer que era pecadora, y postrándose a los pies de Jesús, comienza a llorar amargamente, unge sus pies con perfume y suplica el perdón de sus pecados, Jesús que conoce el corazón y la conciencia de aquellos a quien ama, y no juzga por las apariencias; perdona a la mujer, que con humildad se muestra arrepentida y es así como ella es liberada de todos sus pecados. Jesús públicamente, pone de manifiesto el valor de la mujer pecadora que se le acerca sin importar el "qué dirán", simplemente movilizada por su fe en la misericordia de Dios, la cual, la conduce al arrepentimiento de sus culpas y, a la vez, reprocha la actitud de Simón, el fariseo, que no es capaz de reconocer sus faltas, por la ceguera que le causa el pecado de la soberbia y el orgullo.
En medio de los invitados presentes en la casa, nos enseña que debemos prescindir de manifestaciones ostentosas, con el único objeto de adjudicarnos un lugar de prestigio en la sociedad, para ser vistos como "justos hipócritas", en lugar de ser "personas justas", capaces de reconocernos al mismo tiempo pecadores, pero que, con humildad y sensatez podemos obtener la misericordia de Dios y ser perdonados.
El amor es la virtud por la cual se llega al perdón. San Juan, en su primera carta dirigida a diversas comunidades de Asia Menor, pero que por ser Palabra de Dios, es vigente y actual, nos dice que: "Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él." (1Jn. 4, 16), por lo tanto no existe medida que pueda contener el Amor de Dios. Si tenemos la capacidad de arrepentirnos de nuestros pecados, podemos experimentar este Amor que hace nuevas todas las cosas, que nos purifica, que nos reviste de paz, que nos colma de misericordia y de compasión; para que podamos ser verdaderos imitadores de Cristo, en aquellos conflictos y dificultades que cada uno debe afrontar en la vida.
Sin amor no podemos superar ni un solo problema, por mínimo que sea. En cambio, si nos arrepentimos de corazón de nuestras malas intenciones y/o acciones y buscamos reconciliarnos con el Padre Bueno, el camino se libera, las culpas se disipan y el pesado yugo del pecado deja de ser un estorbo que obstaculiza nuestra libertad, para poder transitar por el camino de la verdad y la justicia. El camino de los hijos de Dios. Que así sea...

¡Paz y Bien!

martes, 8 de junio de 2010

Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo

Pero la gente lo supo y le siguieron. Él los acogía, les hablaba del Reino de Dios y curaba a los que tenían necesidad de ser curados.
Pero el día había comenzado a declinar y, acercándose los Doce, le dijeron: « Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado. » Él les dijo: « Dadles vosotros de comer. » Pero ellos respondieron: « No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente. » Pues había como cinco mil hombres. Él dijo a sus discípulos: « Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta. » Lo hicieron así y acomodaron a todos. Tomó entonces los cinco panes y los dos peces y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente. Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos. (Lc. 9, 11-17)

ALABADO SEA JESUCRISTO POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS...
La festividad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, es el principal fundamento, que expresa la necesidad que tenemos como cristianos de acudir al sacramento de la Eucaristía, comida espiritual de la cual se nutre nuestra vida.
El Evangelio nos relata la multiplicación de los panes y los peces, el gesto es en sí mismo, la entrega generosa de Aquél que en la Pascua junto a sus apóstoles se ofrece como alimento de vida eterna. El mensaje es claro y contundente, todo aquello que pidamos o realicemos en su Nombre, se concretará, no por nuestros propios méritos, sino por obra del Todopoderoso, así como Jesús cada vez que clamaba a su Padre, levantaba sus ojos al cielo como gesto de veneración y de absoluta disponibilidad ante Dios Padre, por tanto, también nosotros debemos reconocernos humildes ante la Voluntad de Aquél que todo lo puede por su infinita gracia y misericordia.
Jesús cumple su misión en este mundo y antes de volver al Padre, desea ser nuestro alimento espiritual, por eso elige consagrase en el misterio del pan y del vino, estas dos sustancias que están presentes y cobran tanta importancia en la vida del hombre, el "pan" y el "vino"; el primero, como signo del alimento que nos nutre y nos sostiene días tras día, y el segundo, como signo de la alegría con la que debe vivir todo cristiano, aún en los momentos más dramáticos y de mayores dificultades. Que gesto tan magnífico nos regala Jesús, para que lo recordemos siempre como nuestro Fiel Amigo, que no sólo da su vida por la humanidad, sino que también quiere quedarse en lo cotidiano de la vida, en la mesa servida, en el pan y el vino.
Somos instrumentos para servir a los que aún sienten "hambre y sed", los pobres, los oprimidos, los enfermos, los ancianos, los niños, los jóvenes; hombres y mujeres de nuestro entorno cercano y no tan cercano, que viven en estos tiempos de profundas crisis, y se encuentran sumidos en situaciones indignas, quienes esperan aún el alimento de Cristo, nuestro Señor... Ahora el desafío es nuestro, "Dadles vosotros de comer." (Lc. 9, 13). La meta de cada día debe ser: transformar este mundo, bendecido por Dios, que hoy en día se encuentra sumergido en la desesperanza, el individualismo, las políticas neoliberales que sólo favorecen a un sector privilegiado de la sociedad, el egoísmo, etc., etc.; en un sitio donde podamos ofrecer nuestros, "cinco panes y dos peces", en pos de un mundo más justo, donde todos podamos celebrar con alegría el sabernos hijos de Dios.
Es el mismo Jesús, que se queda junto a nosotros para ser nuestro alivio en las aflicciones y el alimento de cada día. Que así sea...

¡Paz y Bien!

lunes, 31 de mayo de 2010

Domingo de la Santísima Trinidad

Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello.
Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir.
El me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. (Jn. 16, 12-15)

ALABADO SEA JESUCRISTO POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS...
El misterio divino de la Trinidad trasciende la inteligencia y el entendimiento humano, pues es un misterio que sólo pertenece a Dios y encierra en sí mismo el significado de la existencia de un ser eterno y todopoderoso, que en la infinidad de su Amor realiza su "obra" antes de que el mundo exista; por medio del Padre, Creador, su Hijo Jesucristo que con su muerte y resurrección, libera a la humanidad del pecado y la muerte, y el Espíritu Santo, que viene a santificar nuestras vidas y a dar impulso a la Iglesia, que nace para ser discipular y misionera, anunciando la Buena Nueva, en todo tiempo y lugar hasta los confines de la tierra, cumpliendo así el mandato de Jesús que, presentándose en medio de los apóstoles los saluda diciendo: "La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío." (Jn. 20, 21)
Este Dios, Uno y Trino, es una manifestación clara y evidente de la unidad con la que debemos vivir nosotros, sus hijos. El amor filial entre el Padre y el Hijo, da origen al Espíritu Santo que viene para hacer de nosotros su morada y nos unge con su amor, para que en la vida aspiremos a la santidad con la que debemos vivir todos los cristianos. La Santísima Trinidad es también el origen mismo del mundo, todo fue creado en comunión divina y la presencia del Espíritu de Dios se manifiesta a lo largo de toda la historia de las Sagradas Escrituras. En el Antiguo Testamento, se menciona en diversas ocasiones como: "el espíritu de Yahvé", el cual fue el agente movilizador de muchos profetas y personajes bíblicos, que vivieron muchos años antes del nacimiento de Cristo. El libro del Génesis narra que: "La tierra era caos y confusión: oscuridad cubría el abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas." (Gn. 1, 2), otra alusión clara al Espíritu Santo.
Por ello es que el verdadero sentido de nuestra fe reside en el misterio central de la Trinidad, fuente y culmen de nuestra existencia como Iglesia de Cristo, fundada por Él, constituida en sus orígenes por los apóstoles y guiada por el Espíritu Santo. Que así sea...

¡Paz y Bien!


lunes, 24 de mayo de 2010

Domingo de Pentecostés

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: « La paz con vosotros. » Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: « La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío. »
Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: « Recibid el Espíritu Santo.
A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos. (Jn. 20, 19-23)

ALABADO SEA JESUCRISTO POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS...
En continuidad con el domingo pasado cuando Jesús asciende a los cielos, entre las miradas atónitas de sus discípulos, que aún no comprendían que esto debía suceder, cargados de incertidumbre por saber que acontecería de ahora en adelante. El Señor en este día cumple su promesa, envía el Espíritu Santo.
El Evangelio nos narra que el mismo Jesús se presenta en medio de sus amigos, los saluda con la paz y los envía a anunciar lo que han visto y oído; ellos permanecían encerrados por miedo a una nueva insurrección, temían que los judíos tomaran represalias contra ellos. Luego Jesús sopla sobre ellos y añade: "Recibid el Espíritu Santo". (Jn. 20, 22), en este episodio puntual, el pasaje bíblico nos remonta al origen del mundo, en el segundo relato de la creación, (Gn. 2, 7); donde Dios sopla su aliento de vida sobre la figura de barro y así crea al hombre a su imagen y semejanza.
Sólo aquel que es Dios puede dar vida, "Jesús sopla sobre ellos...", por tanto este aliento de vida es ahora el génesis de la Iglesia, nuestro origen como pueblo de Dios, guiado por el Espíritu Santo. Donde queda de manifiesto y se acentúa la universalidad de su Reino, que no es exclusivo de una nación, de una etnia, de una raza o de un grupo selecto.
Por último, el texto bíblico nos habla acerca del perdón, como virtud primordial, la "medida" con la que debemos determinar nuestras acciones, si no tenemos la valentía de perdonar a quienes nos provocan un maltrato, ya sea físico, moral o espiritual, difícilmente podamos ser perdonados por los demás.
A menudo nos sucede que perdemos la fe en la misericordia del Padre, que nos perdona y nos insta a que nos perdonemos mutuamente, enmendando nuestras ofensas con amor, por ello es necesario acudir con mayor asiduidad al sacramento de la Reconciliación, para obtener el perdón de nuestros pecados y de este modo poder recibir la paz interior, aquella que nos reconcilia con nosotros mismos y que es necesaria para que seamos capaces de perdonar a quienes nos ofenden. De la misma manera que Pedro le pregunta a Jesús cuantas veces debe perdonar las ofensas que le haga su hermano, si hasta siete veces y Él le responde: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete". (Mt. 18, 22), del mismo modo nosotros debemos perdonar cuantas veces sea necesario, claro está que: sólo es capaz de perdonar aquel que ama, el perdón es el fruto del amor, nuestra capacidad de perdonar es más grande cuanto mayor es nuestro amor. Pues, es así como nos configuramos con el mismo Señor, que estando en la cruz nos dio prueba de su amor inconmensurable perdonando nuestros pecados, al punto de entregar su vida por cada uno de nosotros. Que así sea...

¡Paz y Bien!

lunes, 17 de mayo de 2010

Ascensión del Señor

y les dijo: « Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas.
« Mirad, y voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto. »
Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo.
Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.
Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios. (Lc. 24, 46-53)

ALABADO SEA JESUCRISTO POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS...
La misión universal de la Iglesia, cobra sentido en este pasaje de las Escrituras, Jesús sube a los cielos, a su Padre, bendice a sus amigos y manda que permanezcan unidos hasta que envíe el Espíritu Santo, que los revestirá e impulsará a predicar en su Nombre, la conversión a una vida santa, empezando por la ciudad que lo condenó a la cruz, para dirigirse luego a todos los pueblos. Seguramente esto fue para los apóstoles, contemporáneos a Jesús, lo cual nos da la pauta, (sin datos históricos certeros), que eran hombres que contaban más o menos, su misma edad, un hecho clave, decisivo. Si hasta entonces, aún no comprendían bien quien era Él y cual era su mensaje, la procedencia divina y la supremacía del Mesías, quedó manifiesta con su partida a la casa del Padre; aquel día cerca de Betania, la aldea donde vivían Marta, María y Lázaro, sus viejos amigos, un lugar muy acogedor para Jesús, tal es así que encontraba allí: descanso, refugio, paz; para poder recobrar fuerzas y continuar anunciando la Buena Noticia del Reino.
Ahora sí, el desafío reside en una misión concreta, que precisa de una entrega total. Como hace ya más de dos mil años, para nosotros hombres y mujeres del presente, la misión tiene que transformarse en nuestra razón de ser, el fundamento de nuestra existencia. Somos cristianos, somos los sarmientos y Cristo es la vid, no podemos quedarnos pasmados ante la realidad actual, "mirando al cielo como los apóstoles", debemos actuar en consecuencia como lo hizo Jesús, "...ejemplo os he dado..." (Jn. 13, 15), descubramos nuestra Betania, que es la Iglesia, donde podemos encontrar la paz y el alivio que nos permite recuperar la fuerza y el afán de ser portadores del Evangelio. Como dice San Pablo: "Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo..." (2Tm. 4, 2). Que así sea...

¡Paz y Bien!

lunes, 10 de mayo de 2010

6° Domingo de Pascua

Jesús le respondió: « Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él.
El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado.
Os he dicho estas cosas estando entre vosotros.
Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho.
Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde.
Habéis oído que os he dicho: "Me voy y volveré a vosotros." Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo.
Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. (Jn. 14, 23-29)

ALABADO SEA JESUCRISTO POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS...
El amor trasciende todo entendimiento humano, se encuentra más allá de la lógica, de los métodos, del análisis, del razonamiento. El amor no tiene medida, no conoce el rencor y es capaz de atravesar toda clase de fronteras.
El amor de Jesús es infinito, y por tanto, promete que el Padre enviará el "Paráclito" en su Nombre, y vendrá en auxilio de aquellos que sean fieles a su palabra, aquella palabra que proviene de Dios Padre. Para ello es necesario que Él vuelva a su Padre...
La paz que proviene de Dios no es la paz que da el mundo, el Cordero ofrecido como víctima propiciatoria, sin mancha; sólo Él puede ser capaz de dar la verdadera paz, aquella paz que se da con generosidad, que es nuestro bálsamo en las dificultades propias de la vida, aquella paz que serena nuestro corazón, que es compasiva, misericordiosa. La paz de los hijos de Dios, no puede darnos lugar al temor, porque sabemos de quien proviene, ni más ni menos que de Aquél que venció a la muerte, resucitando al tercer día, para darnos vida en abundancia. Jesús, en este pasaje de las Escrituras, pone a prueba nuevamente a sus discípulos... Prometió que resucitaría y así sucedió, ahora les anuncia que debe ascender a los cielos, y que les será enviado el Espíritu Santo, que es fruto del amor filial entre el Padre y el Hijo.
Es así entonces que, desde aquel día, Él, ya no está físicamente entre nosotros sino que está "en nosotros", porque el Espíritu Santo sopla sobre todo bautizado, hombres y mujeres, que guardan la Palabra de Dios, y habita en ellos, para que conforme al mandato de Jesús, el enviado del Padre: "Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación..." (Mc. 16, 15), la Iglesia pueda cumplir con su labor evangelizadora, asumiendo su naturaleza misionera. Que así sea...

¡Paz y Bien!

lunes, 3 de mayo de 2010

5° Domingo de Pascua

Cuando salió, dice Jesús: « Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él.
Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto. »
« Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis, y, lo mismo que les dije a los judíos, que adonde yo voy, vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros.
Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros.
En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros. » (Jn. 13, 31-35)

ALABADO SEA JESUCRISTO POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS...
Esta Buena Noticia, nos exhorta a dirigir nuestra mirada al Dios de la Vida, que se manifiesta en Jesús, presente en toda su divinidad y humanidad.
Amar al prójimo, es amar a Cristo en el hermano, tal cual es, sin juzgar diferencias raciales, culturales, ideológicas, sociales, económicas, religiosas, etc, etc.
El verdadero amor es incondicional, se da a sí mismo sin esperar nada a cambio.
En este mundo en constante movimiento, que muchas veces se torna desesperante y caótico, donde preocupa más el bienestar propio, por sobre la necesidad de aquellos que necesitan ser: escuchados, comprendidos, ayudados, aliviados; en una palabra "amados", es pues, en esta realidad que nos toca de cerca a todos, en este tiempo, cualquiera sea el lugar donde transcurra nuestra vida, donde debemos ser fieles discípulos-misioneros de Jesús, que nos pide: que nos amemos unos a otros como Él nos ama. Es en ese momento cuando nuestra existencia cobra real sentido, cuando amamos y nos dejamos amar a ejemplo de Jesús, quien nos amó hasta dar su vida por nosotros. Que así sea...

¡Paz y Bien!