martes, 8 de junio de 2010

Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo

Pero la gente lo supo y le siguieron. Él los acogía, les hablaba del Reino de Dios y curaba a los que tenían necesidad de ser curados.
Pero el día había comenzado a declinar y, acercándose los Doce, le dijeron: « Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado. » Él les dijo: « Dadles vosotros de comer. » Pero ellos respondieron: « No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente. » Pues había como cinco mil hombres. Él dijo a sus discípulos: « Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta. » Lo hicieron así y acomodaron a todos. Tomó entonces los cinco panes y los dos peces y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente. Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos. (Lc. 9, 11-17)

ALABADO SEA JESUCRISTO POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS...
La festividad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, es el principal fundamento, que expresa la necesidad que tenemos como cristianos de acudir al sacramento de la Eucaristía, comida espiritual de la cual se nutre nuestra vida.
El Evangelio nos relata la multiplicación de los panes y los peces, el gesto es en sí mismo, la entrega generosa de Aquél que en la Pascua junto a sus apóstoles se ofrece como alimento de vida eterna. El mensaje es claro y contundente, todo aquello que pidamos o realicemos en su Nombre, se concretará, no por nuestros propios méritos, sino por obra del Todopoderoso, así como Jesús cada vez que clamaba a su Padre, levantaba sus ojos al cielo como gesto de veneración y de absoluta disponibilidad ante Dios Padre, por tanto, también nosotros debemos reconocernos humildes ante la Voluntad de Aquél que todo lo puede por su infinita gracia y misericordia.
Jesús cumple su misión en este mundo y antes de volver al Padre, desea ser nuestro alimento espiritual, por eso elige consagrase en el misterio del pan y del vino, estas dos sustancias que están presentes y cobran tanta importancia en la vida del hombre, el "pan" y el "vino"; el primero, como signo del alimento que nos nutre y nos sostiene días tras día, y el segundo, como signo de la alegría con la que debe vivir todo cristiano, aún en los momentos más dramáticos y de mayores dificultades. Que gesto tan magnífico nos regala Jesús, para que lo recordemos siempre como nuestro Fiel Amigo, que no sólo da su vida por la humanidad, sino que también quiere quedarse en lo cotidiano de la vida, en la mesa servida, en el pan y el vino.
Somos instrumentos para servir a los que aún sienten "hambre y sed", los pobres, los oprimidos, los enfermos, los ancianos, los niños, los jóvenes; hombres y mujeres de nuestro entorno cercano y no tan cercano, que viven en estos tiempos de profundas crisis, y se encuentran sumidos en situaciones indignas, quienes esperan aún el alimento de Cristo, nuestro Señor... Ahora el desafío es nuestro, "Dadles vosotros de comer." (Lc. 9, 13). La meta de cada día debe ser: transformar este mundo, bendecido por Dios, que hoy en día se encuentra sumergido en la desesperanza, el individualismo, las políticas neoliberales que sólo favorecen a un sector privilegiado de la sociedad, el egoísmo, etc., etc.; en un sitio donde podamos ofrecer nuestros, "cinco panes y dos peces", en pos de un mundo más justo, donde todos podamos celebrar con alegría el sabernos hijos de Dios.
Es el mismo Jesús, que se queda junto a nosotros para ser nuestro alivio en las aflicciones y el alimento de cada día. Que así sea...

¡Paz y Bien!

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